Dentro de los límites que el Imperio se ponía a si mismo, delimitándose solo de las posesiones portuguesas (Tratado de Tordesillas desde 1492, Tratados de Madrid 1750 y San Ildefonso 1777), así como en algunos acuerdos con determinadas colonias de otras potencias europeas, por supuesto había una amplia gama de territorios apenas o no controlados, así como totalmente desconocidos.
A pesar del hecho que el término “frontera” en la época solía aplicarse a sistemas de defensa concebidos como líneas o redes, el uso del término por Frederick Jackson Turner como espacio del avance de una sociedad y la general definición de la frontera como una línea o un espacio intermedio: en la base de datos todo territorio sin instituciones coloniales permanentes - sean fuertes, pueblos de misión, asentamientos mineros o haciendas - se considera como “fronteras”, sin diferenciar en el tipo de interacciones entre el poder colonial y los habitantes políticamente no controlados de las zonas. Tratamos de agrupar a las diferentes “provincias” indígenas, donde posible, en un par de fronteras “grandes” con características similares- donde posible centrándonos en las leyendas doradas de la época de la Conquista.
Listado de todos los "territorios frontera" de la base de datos.
Mucho se ha escrito acerca de definiciones y tipologías de territorios fronterizos desde que el paradigma de la frontier se hizo prominente en Estados Unidos desde Frederick Jackson Turner. En la terminología de la época, la frontera era esencialmente una línea de defensa concreta o una zona de contacto, dentro de la que misiones, puestos o fortines españoles podían coexistir con instituciones o formas de asentamiento independientes indígenas o extranjeras. En todo caso, hay una diferencia fundamental entre la frontera y el límite en el hecho de que el límite era una linea fija, mientras que la frontera era algo no solo permeable, sino también flexible: podía ser “avanzada” o “reducida” según las posibilidades o necesidades reales.
En la base de datos, usamos el término para designar territorios fuera del control colonial. Otro término podría ser la “provincia indígena” porque no incluimos aquellas partes de las zonas fronterizas en las que dominó el elemento español, pero sí a territorios muy alejados y por lo tanto no fronterizos.
Podrían definirse los siguientes tipos de territorios fronterizos:
Todos aquellos territorios cuya geografía interior no o apenas se conoce, o que se representa de forma muy equivocada. El mundo colonial y los habitantes de esas tierras tenían poco o ningún contacto directo con el otro. El único nexo de esas fronteras con el Imperio es que ninguna otra potencia europea tenía proyecto colonizador inmediato en el territorio.
Los españoles tenían graves problemas con el establecimiento de asentamientos permanentes especialmente en tierras bajas tropicales - comunmente llamadas “tierra caliente”. Más allá de hostilidades, solía haber problemas sanitarios y faltaron las incentivas económicas, lo que frecuentemente provocó una retirada posterior (Amatique) o falta de consolidación de la presencia colonial desde un principio (Tologalpa y Taguzalpa). Eran también estas zonas donde aventureros y piratas podían aprovechar de la debilidad de presencia y establecerse.
En las contiendas imperiales, pero también con respecto a conflictos entre españoles y étnias indígenas dominantes solían abrise espacios e identidades fronterizas que tenían funciones de amortiguador, así como diferentes formas de agencia para otros actores que usaron esta posición para preservar su autonomía, ya sea posicionándose más como aliados de los españoles(“indios amigos”), o aliándose con el otro bando (p.e. los caribes de la Guayana), o con alianzas oscilantes (p.e. los navajos y algunos grupos de apaches contra otros apaches). Cuando esta forma de frontera se desarrolló dentro de un sistema de misiones o gobierno civil - como era frecuente - no lo clasificamos como “fronteras” sino como “misiones” u otras categorías (p.e. en cuanto a tarahumaras, mayo, los norteños de la Junta de los Ríos, pero también las fronteras de San Luis de Colotlán).
Todavía más que en los casos de fronteras de rebeldía, había territorios habitados por “indios bravos” que se encontraron en un estado casi permanente de guerra ofensiva contra el mundo colonial, con frecuentes incursiones y asaltos a veces muy alejadas de sus territorios nativos. La frontera de guerra activa más permanente era aquella con los apaches, que a partir de mediados del siglo XVIII avanzaron sobre el Septentrión y se asentaron mucho más al sur de sus tierras originales, en el bolsón de Mapimí.
Son todos aquellos territorios en los que había habido proyectos de colonización y hasta un regimen colonial algo arraigado en algún momento, pero que después de una rebelión (o varias) ya no se sujetaron. Son los casos de las misiones del oriente peruano perdidas después de la rebelión de Juan Santos Atahualpa en 1742, los moqui que después de la rebelión de los pueblos en Nuevo México de 1693 ya no podían reconquistarse o los jívaros de la provincia de Yaguarzongo.