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hgis:pueblo

Pueblo

Pueblo en el gazetteer es un valor en el campo “categoría”. Es la categoría con más entradas (sobre 9000).

Como pueblos definimos solo aquellos asentamientos que legalmente se asocian con la república de indios. Según contexto vernáculo, también poblaciones sin perfil étnico-legal particular pueden aparecer en documentos como “pueblo”. Para tales casos, la categoría es la de población con la subcategoría de “pueblo” - aunque hay cierto margen. También consideramos pueblos a misiones que no eran reducciones.

Tiene como categorías especiales válidas:

  • Pueblo de indios: Para la gran mayoría de los pueblos.
  • Pueblo de libres: Para un número muy reducido de pueblos de la misma categoría legal, pero con una población dominantemente afrodescendiente.
  • Demonimo: Para pueblos que no se definen como lugar sino más bien a través de personas (la pertenencia a un grupo particular).

En el campo Cabildo se permiten los valores “Si”, “No”, “s.d.”

Definición general

El concepto de pueblo en Hispanoamérica está íntimamente ligado a la política de reducción o congregación de indígenas “bajo campana” o “bajo el son de la campana”. La reducción tanía como fin práctico facilitar el cobro del tributo, la doctrina cristiana y la organización de la mano de obra - en corto: la administración y el control social - de la población indígena.
Por supuesto, los pueblos tenían muy diferentes trayectorías: en algunas zonas se habían consolidado ya en el siglo XVI y en el siglo XVIII el mundo social se había ajustado totalmente a esta forma de organización, en otras eran de más reciente creación y posiblemente inestables.

El impacto de esta política difería mucho: Podía causar severos conflictos sociales o étnicos (cuando se agregaron grupos con diferentes identidades) y alterar totalmente la forma de vida y trabajo; pero también podía ser una casi total continuación de la situación anterior - o porque los indígenas ya vivieron en asentamientos y estructuras que servían a los intereses y podían reetiquetarse, o porque simplemente no había mucho esfuerzo concreto de concentrar a la población.

Las relaciones (espaciales, demográficas y sociales) de los pueblos de indios con el mundo español también diferían considerablemente, según los patrones demográficos y particularidades políticas.

Espacios internos

El pueblo de indios solía estructurarse espacialmente según matices europeas y tenía una organización municipal uniforma. Por esta causa, el pueblo alteró las formas de geografía poblacional, relaciones sociales dentro de las sociedades indígenas, según el caso, en mayor o menor medida: En regiones centrales de Nueva España, muchos pueblos no diferían mucho de la estructura urbana ya existente (altépetl), en otras zonas puede haber sido una mayor concentración en lugares que ya antes habían tenido importancia demográfica, cultural o religiosa, en todavía otras fueron nuevas fundaciones (plaza de armas con iglesia, traza ortogonal) para pueblos que antes habían vivido aisladamente o de forma semi-nomádica o nomádica. En otros casos, no había reducción pero aun así se habla de “pueblos de indios” (cf. abajo, demónimos), y hay toda variedad de grises entre la “reducción” ordenada con una identidad de estructura urbana-toponimía-demonimía y un pueblo definido exclusivamente a través de la pertinencia a un grupo.

Ejido y Resguardo

Cada pueblo tenía un ejido (tierra comunal) inmediato para la economía común. La extensión de los ejidos dependió de la forma de economía, circunstancias climáticas y la presión sobre la tierra. Las leyes de Indias preveían un ejido de un mínimo una legua cuadrada, pero hay casos en los que había hasta cuatro (p.e. Sonora) y posiblemente más.

Otro concepto de territorio directamente ligado al pueblo es el resguardo o “tierras de común repartimiento”, aunque este concepto no tiene la misma prominencia en toda Hispanoamérica. Con diferencia al ejido, en el resguardo había repartos/asignaciones de tierra a familias e individuos concretos, con la limitación de que no se permitió la venta de la tierra.

Según cambiaron las relaciones demográficas, podía aumentar la presión sobre la tierra indígena hasta reducirse al pueblo y el ejido inmediato. También se usurparon partes de los resguardos por criollos y mestizos, sobre todo cuando la extensión fue mal definida o cuando disminuyó la población indígena. La competencia sobre la tierra era el motor principal de la redefinición de pueblos en parroquias y procesos de sinoicismo/agregación, porque significó también el acceso al resguardo/ejido abolido.

Más allá del ejido o resguardo, también vecinos españoles, mestizos y forasteros podían tener propiedades de tierra y formar ranchos y haciendas. Esto fue un problema para aquellas comunidades que tenían economías comunales extensas, que funcionaron bien solo mientras que estaban aisladas. Como en otros contextos, en el siglo XVIII había intenciones “ilustradas” y tendencias generales para acabar con las economías comunales “ineficientes”, sustituyéndolas por economías basadas en la propiedad privada, pero no se trató de una política universal.

Organización político-religiosa e instituciones de república

Un pueblo de indios más importante que fue residencia del doctrinero y del cacique/gobernador se distinguió por llamarse cabecera y podía tener varios pueblos dependientes (anexos), los que, a su vez podían tener un alcalde como representante. Cabecera y anexos juntos formaron una “república” con instituciones municipales, como caciques o cabildo. El grado de influencia de los gobernadores/caciques en la política, como la topografía del asentamiento mismo, podía ser practicamente una continuación de tradiciones precolombianas con términos y parafernalias coloniales (bastón del mando) o una reconfiguración total. No había uniformidad en el reclutamiento de los gobernadores/caciques, que podían ser cargos hereditarios en alguna línea nobiliaria, cargos vitalicios o periódicamente otorgados a través de elecciones y asambleas.

Uso del término y sinónimos

El uso explícito del término “pueblo de indios” en algunas regiones fue más marcado que en otras, donde es muchas veces imposible averiguar si un “pueblo” debía entenderse como “pueblo de indios” o no. En vez de “pueblo de indios”, podía usarse el término de “doctrina” para identificar pueblos de indios cabecera, diferenciándolos de las “parroquias” en villas, sitios, valles y otras poblaciones españolas. También la categoría de “pueblo de misión” es un indicativo para pueblos de indios - aunque a veces encontramos misiones y misioneros también en poblaciones sin marcado caracter indígena.

También tenemos que diferenciar entre conextos en los que solo pocos pueblos cabecera recibían el título “pueblo de indios” como distintivo, mientras que en otros, también los pueblos “anexos” se consideraron como tales.

En la base de datos, interpretamos cada centro de “misión” o “doctrina” como pueblo, también si en realidad solo se trató de un puesto de misión o una iglesia con doctrinero dentro de un ámbito rural o con pequeños asentamientos en los alrededores. En cuanto a “pueblos” (sin más información) depende de la región si asumimos que se trató de pueblo de indios o no.

Veamos algunas características, según región genérica.

Guadalajara

En la Nueva Galicia, los pueblos de indios pueden caracterizarse de forma similar a la Nueva España propia (cf. abajo). También la situación en Nuevo México es equiparable, como ya indica tanto el nombre de la provincia como el expreso término de “pueblo” para caracterizar los asentamientos tradicionales de los indígenas que se convertían directamente en “pueblos de indios”.

En las demás partes, los pueblos de indios se establecían según avanzaba la frontera de pueblos de misión, sobre étnias más o menos sedentarias. Un caso particular son los pueblos tlaxcaltecas que se fundaron en el Norte ya en los siglos XVI y XVII, pero que, aunque pueblos de indios, son un elemento exterior y colonizador - no por nada muchas veces figuran como “colonias tlaxcaltecas” o como barrios asociados a otros pueblos. En Sinaloa, la Opatería en Sonora, así como en Nueva Vizcaya entre los tepehuanes, la “pacificación” y “reducción a vida civil” avanzó tanto que durante el siglo XVIII empezó un proceso intensivo de secularización. También los indios mayo y sobre todo los yaqui, étnias percibidas como mucho menos “dóciles” y que se alzaron varias veces, seguían viviendo en sus pueblos también en esos momentos porque aparentemente no habían alterado demasiado la vida de esas étnias al lado de los ríos mayo y yaqui.

Otras étnias, sin embargo, no se conformaron tanto a la reducción: los misioneros entre diferentes grupos “chichimecas” (p.e. pames), así como tarahumaras, en la península de California y en Sonora (especialmente la Pimería alta) tenían problemas con la movilidad en su afán de reducir a las “rancherías” bajo campana. Sobre todo en la California, muchas misiones “visita” no eran pueblos con población permanente desde un principio, sino que se trató de capillas y lugares de congregación esporádica o estacional para organizar la doctrina y las relaciones económicas y sociales de grupos con el mundo colonial. Para grupos como pimas, conchos, “cibolos” y “norteños”, la organización en pueblos también podía ser una estrategia para tratar de protegerse de agresiones apaches, seris y de otros enemigos, y la estabilidad de esos pueblos estaba ligado con la tranquilidad de la vida.

En la frontera con los apaches y los seris, éstos nunca se dejaron “reducir” bajo el concepto de pueblo, por lo que la forma de integración en la sociedad colonial pasó en los alrededores de los presidios. La estrategia de esos grupos en el caso de rebeliones u otros conflictos con el mundo colonial solía ser la de fugar y retirarse en areas menos accesibles.

Es de notar que después de que se estableció Nuevo Santander no había ningún intento de reducción de la población indígena más allá de la labor misional entre los pames de la Sierra Gorda en el extremos sur. Serían de investigar las relaciones de las nuevas villas con los huaxtecas y otras étnias de la región en ausencia de este concepto.

Los pueblos de indios en el Septentrión como regla general podían preservar más su identidad y perfil étnico que en las zonas centrales de Nueva España porque topografía, escasa densidad demográfica y la política de misioneros (jesuitas) de establecer comunidades homogéneas favorecieron el aislamiento y la separación más clara de asentamientos indios y españoles. Sin embargo, hacia fines de la Colonia y donde misiones y doctrinas se secularizaron, esta separación tendía a disminuir.

Nueva España

Hay que considerar al pueblo de indios novohispano como el modelo relativo al cual se miden las diferencias conceptuales y reales de las demás regiones. La densidad de la población indígena y la preeexistenca de formas de vida urbana (ciudades-altépetl y “barrios”-calpulli) son elementos definitorios. También en Nueva España había reorganizaciones de reducción y congregación de pueblos pequeños – respondiendo sobre todo al declive demográfico, pero en épocas ya bastante anteriores a 1700 y sin alterar en el mismo grado las matices fundamentales de asentamiento tradicional de la población.

En Nueva España dominó el mundo indígena, mientras que el español se reduce a los centros administrativos y mineros o de forma. Esto no es decir que no hubiera “españoles” y mestizos dentro del mundo indígena, ni que no tuvieran influencia. Todo al revés, la omnipresencia de los pueblos y la convivencia hacían menos probable la separación intentada de las repúblicas, el aislamiento y una verdadera autonomía. Pero lo cierto es que a través del pueblo en Nueva España, la república de indios suele estructurar conceptualmente el territorio, y con diferencia a otras regiones, en el siglo XVIII no hay un proceso de abolición y congregación de pueblos ni de su paulatina desaparición: las comunidades indígenas se muestan capaces de preservar su posición e identidad.

El número de pueblos identificados1), asciende a 3500 (exclusive Yucatán). Prácticamente la totalidad de la vida indígena se desarrolló dentro de pueblos, y justamente en Nueva España es donde también “anexos” se consideran pueblos, y no solo las cabeceras.

Por supuesto, estas generalizaciones no valen para toda la región en el mismo grado: Son más válidas para el altiplano, el valle de México, Puebla y Oaxaca, menos para la tierra caliente del seno mexicano o las zonas escasamente pobladas de la costa pacífica (Motines, Huatulco y Huamelula…). Hay también diferencias en la distancia (comunicativa y social) entre las dos repúblicas: los pueblos de la península de Yucatán se mantenían mucho más apartados y aislados de la vida español-mestiza, pero es allá que también la encomienda privada permaneció como institución vital hasta 1785, lo que significa una mayor dependencia de los pueblos frente a individuos como encomendero o doctrinero.

Guatemala

Es muy difícil caracterizar la situación de los pueblos de indios en la Audiencia de Guatemala porque hay sendas diferencias dentro de ella.

En cierto modo, los pueblos de Chiapas y las jurisdicciones del obispado de Guatemala siguen las pautas descritas para Nueva España: aunque la alteración de las formas de asentamiento tradicional durante el proceso inicial de reducción fue más marcado, las estructuras de la organización estaban muy establecidas y arraigadas para el siglo XVIII. Lo único, esto sí, también durante el siglo XVIII hay un proceso de disminución de pueblos, de abandonos y congregaciones por causa de falta de tributarios, lo que causó menor estabilidad de los pueblos.

También hay que decir que, mientras se avanza más allá del centro de Guatemala cuanto menos dominante es el pueblo de indios hasta que en Costa Rica los pocos pueblos de indios equivalían esencialmente a pueblos de misión más (Talamanca) o menos (Buruca) precarias o eran resultado de una política de reasentamiento de grupos indígenas desde areas conflictivas, sea para protegerlos de violencia por zambos-mosquitos o para ejercer mayor control sobre ellos. Esos pueblos de indios podían también tener cabildo, pero no tenían la misma coherencia, peso económico o estatus como aquellos que se erigieron sobre las comunidades novohispanas o incluso de las zonas centrales de Guatemala.

También, en Guatemala los centros de administración se centraron más en las ciudades, villas, reales de minas y poblaciones, mientras que las doctrinas - también este término se impone cada vez más sobre el de pueblo de indios - parecen tener más caracter de reserva indígena.

La menor cohesión de las comunidades indígenas también se traduce en la mayor presencia del fenómeno de ladinos, o sea, indígenas que no solo dominaron el español, sino que (como los yanaconas peruanos) sobre todo formaron parte de la república de españoles y se movían y vivían en la esfera de los españoles, sea en las villas, en asentamientos cercanas (aldeas) sin las formas organizativas del pueblo de indios, o dentro o al rededor a los pueblos de indios mismos 2). Así, a través de ladinización fue justamente un elemento étnico indígena el que promovió la debilitación del pueblo como forma de organización política en Guatemala.

A pesar de todo esto, la institución del pueblo de indios seguía siendo un elemento importante en la organización de Guatemala hasta finales de la Colonia.

Santo Domingo

No es difícil subsumar la relevancia del pueblo de indios en el Caribe y Florida: Apenas existía. En Puerto Rico y la isla de Santo Domingo, su número en el siglo XVIII asciende a zero. En Luisiana, mientras fue parte del Imperio, tampoco se trató de congregar a los indígenas nómadas. Los pocos misionarios trabajaron de forma ambulante, y las “parcialidades” indígenas que vivían al lado del Misisipi también seguían viviendo sin alteración de la forma de asentamiento.

En Florida, a principios del XVIII había pueblos de misión, pero después de una acción destructiva por ingleses y aliados, solo permanecieron muy pocas misiones en las inmediaciones de San Agustín. Además, dominó el caracter precario de misiones, y apenas hablar de pueblos de indios en el sentido más formal. En el segundo período del dominio español, no había ningún pueblo de indios organizado.

Solo en Cuba en el siglo XVIII permanecieron algunos vestigios del pasado indígena con la existencia de pueblos de indios. En el norte, Guanabacoa seguía siendo oficialmente pueblo de indios aunque ya había perdido su perfil étnico hacía bastante tiempo. En 1743 se elevó a villa y su cabildo se convirtió en cabildo “de españoles”. En el otro extremo de la isla, Caneyes y Jiguani también tenían el estatus de pueblo de indios - y seguían teniéndolo hasta fines de la Colonia, aunque también su población ya tenía mucha influencia afrodescendiente.

Venezuela

En Venezuela, existía una multitud de “pueblos de indios”, pero la distinción entre “pueblos de indios” y pueblos a secas es más difícil que en los contextos novohispano y novogrenadino. Por un lado, tenemos muchas fundaciones de misiones por capuchinos y franciscanos que con bastante constancia después de algún tiempo (muchas veces tres décadas) se convirtieron en pueblos de doctrina, sujetos a tributos. Sin embargo, suele haber muy poca información sobre los corregidores de esos pueblos, si eran los cabildos de villas y ciudades que asumieron la tarea de cobrar el tributo. Además, no conozco estudios ni documentos que resalten la existencia de las instituciones municipales clásicas de los pueblos de indios, ni hay de un proceso especialmente conflictivo de áboliciones de pueblos o su conversión en parroquias (como en Nueva Granada). Es decir, los procesos de mestización son paulatinos, y los pueblos de indios se convertían sin mucho ruido en pueblos. Los únicos pueblos de indios “clásicos” son los pueblos lacustres de Lagunillas, Misoa, Tomoporo y Moporo en la laguna de Maracaibo, que tienen una historia que remonta a los principios del proceso de colonización en el siglo XVI.

Así, el uso de “pueblo” en Venezuela es muy generalizado y no siempre se distingue consecuentemente entre “pueblos” y “sitios”: Por ejemplo, aunque en la visita del obispo de Caracas de 1771-17843) los lugares visitados se marcan con “C”, “V”, “P” y “S”, pero la distinción parece haber sido solo si el lugar tenía plaza e iglesia (P) o no (S), como evidencia la categorización de La Guaira o Puerto Cabello como “pueblos”.

Nueva Granada y Tierra Firme

Para Nueva Granada, es imposible esbozar la naturaleza de los pueblos de indios de forma genérica porque dentro de este espacio existen tantas situaciones y constelaciones diversas y una dinámica extraordinaria durante el siglo XVIII. Se debe esencialmente a la labor de Marta Herrera Ángel que conocemos algunos de estos contextos en detalle - su morfología, los procesos de abolición y congregación, etc.4)

Como síntesis, se puede decir que había 3 modelos muy diferentes: El de los Andes, el del Caribe y el del Chocó.
1. Los Andes
En los Andes centrales, en el siglo XVI (visita del oidor Tomás López) había una política de reducciones que iba junto con una organización política-territorial de corregimientos de indios. Los pueblos novogrenadinos no alteraron totalmente los asentamientos de los muisca y otros grupos y se erigieron también sobre grupos poblacionales y políticos preexistentes, pero no de forma tan estrecha como podía hacerse sobre los ayllu y altépetl en Perú y México. Los pueblos novogrenadinos eran por lo general nuevas fundaciones y se trasladó a la población indígena para vivir en esos nuevos núcleos - o se trató de hacerlo porque muchos pueblos eran muy resistentes y seguían viviendo de forma dispersa.5)

Además, las relaciones entre esos espacios indígenas y la república de españoles era otra que en los territorios de la reducción “toledana” (Quito, Perú, Charcas). Los pueblos no figuraron como elemento estructurador con la misma dominancia: Los españoles que vivían en sus cercanías no se organizaron dentro de este esquema, sino que formaron “sitios” o parroquias separados. Es por esto que los pueblos novogrenadinos se asocian tanto con las tierras de resguardo ya en el siglo XVI: todo el territorio afuera del resguardo era de la república de españoles, el resguardo equivalía a una “reserva indígena”.

Otra diferencia con el Perú, aunque seguramente emana de la resistencia a la “reducción” en pueblos centrales, es el continuo proceso de “agregaciones”. En Nueva Granada, no había el binomio de “cabecera-anexo”, sino que a cada pueblo”

Quito

Para los pueblos de indios de las jurisdicciones andinas desde Jaén hasta Ibarra, remito a la descripción para Perú porque a pesar de algunas diferencias en la génesis y la ausencia de la mita minera (aspectos que valen también para todo el obispado de Trujillo) estaba en vigencia el sistema toledano de pueblos cabecera-anexos. En las tierras bajas, este esquema solo vale para Guayaquil, donde los españoles también podían organizar la sociedad sobre las instituciones incáicas (Guayaquil/Huancavilca), aunque la densidad de pueblos hacia la costa (Santa Elena, Portoviejo) era comparablemente baja.

Cruzando la cordillera oriental, en Quijos y Macas, el perfil ya es algo diferente: Aunque también hay tributo y pueblos cabeceras de doctrina con anexos, esos pueblos menores no solo estaban aislados y dispersos sobre grandes areas, sino que también tenían muy pocos moradores y había un alto número de población indígena no reducida ni censada ni controlada entre esas islas coloniales.

Al norte de Portoviejo, en las antiguas provincias de Canoa y Esmeraldas/Atacames tenemos pueblos (donde los haya) que no se definen tanto por su relación con el mundo español, la encomienda o el pago de tributos, sino que se trata más bien de asentamientos en un universo de indígenas no reducidos (colorados) y una población dispersa en su mayoria afrodescendiente empleada en la extracción minera (lavaderos).

Últimamente, hay que considerar a los pueblos de misión establecidos por los jesuitas en Maynas.6) Eran menos urbanas que las misiones de Chiquitos, Moxos o Guaraníes, pero aún así disponían de las características de “repúblicas de indios”, existiendo en los pueblos gobernadores-indios y alcaldes ordinarios, y elementos clave como plaza, iglesia, trapiche, casa de misionero y posiblemente cabildo.Hasta su expulsión, los jesuitas establecieron unas 35 reducciones permanentes a riberas o cerca del río Amazonas, y luego de 1730 otros 30 en los ríos Napo y Aguarico - un número modesto considerando las vastas selvas que intermedian, pero considerable si tenemos en cuenta que la permanencia en los pueblos últimamente fue asunto de voluntad.
Muchas misiones reunían grupos indígenas de diferentes lenguas y étnias, y mientras algunos grupos llegaron, otros pueden haber abandonado la misión. A pesar de esto, los pueblos de misión en el Marañón se mantenían bastante estables, seguramente también porque muchos omaguas en los pueblos eran refugiados de territorios azotados por entradas de bandeirantes portugueses. En cambio, los payaguas e icahuates del río Napo tenían fama de “huirse al monte” (mejor: dispersarse por la selva) inmediatamente cuando las condiciones no les parecían (enfermedades, conflictos, alimentación, conflictos con el misionero, sospechas de acciones militares…). Por esto, la misión en el bajo Napo empezó más tarde, había traslados más frecuentes y más proyectos fracasados.
Después de la expulsión de los jesuitas, las misiones del Bajo Napo se perdieron en su totalidad, mientras que las del Marañón, aunque con severas bajas en el número de habitantes, se mantenían como pueblos de indios.

Perú

En el Perú, como en la Nueva España, el pueblo de indios del siglo XVIII era institución ubícua y universalizada (más de 1500 en la base de datos). Muchos de esos pueblos eran resultado de las reducciones toledanas, que a su vez muchas veces eran reorganizaciones de comunidades incáicas (ayllu) que, cabe mencionar, a su vez ya habían sido una forma de organización imperial-ajena impuesta por los incas.7) El sistema de pueblos sigue las pautas de pueblo cabecera de doctrina y pueblos anexos; o a veces una iglesia urbana para indígenas que tenía anexos aledaños. Sin embargo, el grado de concentración podía diferir mucho - había doctrinas con hasta 20 anexos y otras que restaron sobre un pueblo único. En algunos casos podía sobrevivir también el ayllu y su estructura bipartida (hanansaya / hurinsaya) de forma explícita o implícita dentro del modelo europeo;8) como categorías censales diferenciadas, como “cabecera y anexo” o hasta como doctrinas separadas.

Tradicionalmente, y esto constituye una diferencia marcada con Nueva España, en la organización interna de los pueblos andinos dominó el elemento señorial y había pocos cabildos indígenas. Los caciques y curacas, con los doctrineros, sirvieron como administradores y eslabón entre pueblo y corregidores, organizando también la mano de obra para las mitas. Después de la rebelión de Tupac Amaru, se instalaron más alcaldes de indios como autoridades elegidas para limitar el poder de los curacas.9)

Charcas

Los pueblos del Altiplano eran, como aquellos del Perú, resultado de las reducciones toledanas, suelen ser los pueblos (si el relieve lo permitía con plaza e iglesia en el centro de un núcleo urbano) organizados en cabeceras de doctrina y anexos. Practicamente la totalidad de los pueblos de Altiplano estaban sujetos a la mita minera de Potosí, lo que - con otros factores como el tributo - contribuyó a una alta migración indígena y la existencia de considerables grupos de “forasteros” en otros pueblos - especialmente en aquellas provincias que no remitían trabajadores a Potosí. Francisco de Viedma en la descripción de su provincia de Santa Cruz de la Sierra en 1793 da una impresión de la dimensión del fenómeno:

El [número] de los originarios con tierras se reduce a 373, el de los forasteros sin ellas a 10.140.10)

Aun así, el pueblo de indios como asentamiento urbano - con originarios o forasteros, con o sin población mestiza o española eran los asentamientos que estructuran al territorio.

Las excepciones son partes de la provincia de Santa Cruz, las areas selváticas o de yungas al norte de La Paz (Apolobamba) y la frontera de Tarija, donde tenemos pueblos de misiones frágiles, aunque en sí muy diferentes: Mientras que muchas misiones de chiriguanos, esos ya habían vivido en sus “rancherías” y con los misioneros no cambiaron mucho, en otros casos, especialmente entre los yuracarées, los pueblos eran más arteficiales con el peligro de ser simplemente abandonados (como en el caso de Maynas, Quito).

En Moxos y Chiquitos, dos regiones inmensas y con población nómada y semi-nómada, los jesuitas lograron reducir a una parte de la población indígena en pocos pueblos estables, grandes y muy bien organizados según la tradición jesuita en América del Sur con traza ortogonal. Esos pueblos de misión se asemejan más al caso de las misiones jesuíticas de la provincia de Paraguay.

Rio de la Plata

En el Río de la Plata propio, el pueblo de indios era la excepción. Por un lado tenemos las reducciones de indígenas - muchas veces de corta vida - en areas fronterizas del Chaco o las pampas. En esas misiones dominó más este aspecto efímero y fronterizo y no el aspecto de la relación con el demás mundo colonial. La gran mayoría de esos proyectos fracasó. Los pocos pueblos de indios que permanecieron, sin embargo, solían establecerse con instituciones muy claras: Baradero y Soriano, así como Santa Cruz de Quilmes, pueblo formado con indios calchaquíes desnaturalizados del Tucumán.11). La mano de obra se organizó en encomienda real (mita), por lo que esos pueblos tenían el título “real pueblo de indios”.

En Paraguay había un mayor número de pueblos de indios - sobre todo de guaraníes - con un alto número de habitantes, instituciones establecidas y, sobre todo en las misiones jesuíticas, trazas urbanas bien organizadas. Como en la provincia de Buenos Aires, lo que era un “pueblo de indios” fue muy bien definido y no simplemente fue cualquier lugar poblado con habitantes indígenas: el pueblo equivalía a república y su centro tenía caracter urbano. Todavía en el siglo XVIII fue viva la encomienda privada y un gran número de indios “originarios” no vivió en pueblos. Solo los indios “mitayos” formaron pueblos, pero solía haber vecinos en y alrededor de los pueblos en “valles” asociados. Aunque en teoría subordinados al gobierno de las repúblicas de indios, tenemos que presumir que ejercieron mucha influencia en los pueblos - me parece que en cuanto a la situación local en esos pueblos hay todavía necesidad para estudios.

En las misiones jesuíticas tenemos poblaciones más grandes, una practicamente total ausencia de la república de españoles, una economía ganadera territorialmente muy extensiva centrada en el pueblo como núcleo, y, por la condición de pueblos de misión, una ausencia del tributo. Así, las misiones cabeceras eran veraderos centros urbanos, y aunque la situación cambió con la guerra guarnítica y la expulsión de los jesuitas, la situación de los pueblos seguía siendo muy diferente a la en Paraguay propio.

Situación practicamente opuesta la encontramos en el Tucumán. Aunque en el norte había un número de pueblos en el norte (sobre todo en la Puna) que parecen seguir más las pautas “tradicionales” similares a pueblos del sur de Charcas, el pueblo de indios típico no tenía característica urbana, y también la complejidad interna de la república fue baja 12). Una razón importante son las guerras calchaquíes, que terminaron en el segundo tercio del siglo XVII con la desnaturalización forzosa y la esclavitud de los pueblos que fueron repartidos en varias encomiendas, especialmente en las jurisdicciones de Catamarca y Salta. Allá, los pueblos, aunque tuviesen tierras propias, se asociaron más con las encomiendas que con asentamiento propio. En muchos parajes, pueblos y estancias había varias parcialidades, y parcialidades homónimas de un mismo pueblo podían estar presentes en diferentes lugares.13).
Apenas había “reducción” de la población: puede haber habido terreno para la plaza y haberse construido una capilla, pero con una feligresía que vivía dispersa y sin arreglo de calles 14). “Pueblos” como el de Guayascate no eran más que la fuerza laboral de una estancia homónima del encomendero, y algunos tenían menos de 10 habitantes 15).
En otros casos, faltaron estos elementos y hasta es difícil establecer un lugar concreto del pueblo porque podía ser relocalizado por la voluntad de sus encomenderos para tener más cercana la mano de obra en sus estancias. Es decir, algunos pueblos de indios tucumanos se asemejan en mayor o menor grado a lo que definimos como demónimos (cf. abajo).
A pesar de esto, o tal vez justamente por la dificultad de comprende el funcionamiento y la naturaleza de esos puebos se ha producido en los últimos años un considerable número de estudios por toda una serie de investigadores sobre los pueblos tucumanos. Partiendo de los estudios iniciales de Ana Lorandi a fines de los 1980, siguieron Judith Farberman y Raquel Gil Montero, y para jurisdicciones individuales cabe mencionar a Roxana Boixadós para La Rioja; Gabriela Sica para Jujuy; Sonia Tell para Córdoba; Gabriela de la Orden para Catamarca.

En la Banda oriental no había proyecto de reducción de los indígenas a la forma de vida en pueblos alguno. Allá vemos un simple proceso de avance de frontera de estancias con exclusión o, con el aumento de la presión, un consecuente desplazamiento de los charrúas y otros grupos.

Chile

En Chile, similar al caso ya mencionado para Tucumán, no había una política determinada o exitosa de “reducir” los indígenas a concentraciones urbanas. Especialmente la práctica de encomienda/servicio personal significó la relocalización - forzada o económicamente incentivada - de la población indígena de sus pueblos a las haciendas y estancias de los encomenderos. Así muchos pueblos de desintegraron ya durante la primera mitad del siglo XVII.16) Esto es una de las causas por las que los pueblos de indios no tenían importancia central ni para las instituciones eclesiásticas (doctrinas) ni como aglomeraciones de población.

Así, dentro de las parroquias rurales chilenas podía haber indígenas encomendados que o vivían en las tierras del encomendero o podían formar pueblos, generalmente muy pequeños, con un cacique como cabeza. En las relaciones geográficas y económicas de 1756 y 178017), los corregidores tenían problemas de responder a la pregunta sobre pueblos de indios y emplearon indistintamente los términos de pueblo, encomienda y estancia. En Chile, ni se ensayó separar las repúblicas en un orden espacial. Así, casi todos los pueblos de indios chilenos del siglo XVIII son más demónimos o simplemente se emplea la palabra para los indígenas de una determinada encomienda. Si un “pueblo” es homónimo a una población, no significa que la identidad primaria fuera la de “pueblo de indios”, considerándose como “agregados” a vecinos, mestizos o forasteros, como en otros casos (Tucumán, y todavía más Perú y Charcas); y ni tiene por qué tratarse de un barrio, parcialidad u otra forma de convivencia separada. En corto: el pueblo de indios chileno en el siglo XVIII, con pocas excepciones, es una ficción o una simple forma para etiquetar a grupos de indios encomendados. Es muy llamativo lo que escribe el corregidor de Maule en 1756 - y no se trata de un caso único:

“El pueblo de Cauquenes del que es cacique don Domingo Galdanes. Hállase sin indios, administrador ni vecino.”18)

Sin embargo, en el sur de Chile, la situación era otra.

En Isla de la Laja, la Araucanía, así como Valdivia, que durante mucho tiempo había sido una plaza con un complejo sistema de defensas marítimas pero sin hinterland, las autoridades tenían que negociar la instalación de misiones con los caciques de las “parcialidades” mapuches. Esas parcialidades independientes (organizadas en los butalmapu) eran grupos personales, pero con bastante estabilidad de asentamiento para asociar con ellos también una toponimia. Las misiones que muchas veces se instalaron dentro de una de las parcialidades no cambiaron mucho el paisaje poblacional: En el centro había una casa misional, cocina y una iglesia, al rededor de la cual podían asentarse parcialidades indígenas en menor o mayor distancia 19). Los ejes de autoridad indígena seguían siendo los caciques de sus parcialidades que no necesariamente se concentraron en las misiones - la forma típica de la vida rural en Chile. Aun así, consideramos a las misiones establecidas como pueblos en la base de datos.

En la provincia archipielágica de Chiloé tampoco vemos una política muy activa hacia de pueblos-reducciones. La actividad misional de los jesuitas era más ambulante (“misión circular”): Había pocas cabeceras nominales (Achau, Chonchi, Chacao, Tenaun y Guar)20), que solían ser simplemente aquellos lugares con alguna mayor concentración de población, mayor número de españoles y mestizos y posiblemente una escuela de primeras letras, y luego un gran número de pueblitos visitados, cada uno con una de las capillas/iglesias de madera tan típicas. Esta estructura tampoco cambió mucho después de que los franciscanos remplazaron a los jesuitas (cabeceras de Tenaun, Quenac, Achau, Puquelón, Chonchi, Queilén/Caylín). A través la labor misional sobre lugares bien identificables centrados en capillas y caciques y comunidades que se articulan frente a la Audiencia y hacen política contra el sistema de encomiendas, los pueblos en Chiloé eran los elementos que definían el espacio colonial. Sin embargo, estos “pueblos” no necesariamente eran solo “de indios”, sino que se empleó el término indistintamente también para aquellos pueblos que definitivamente tenían caracter español o mestizo, como por ejemplo Quenac, los que se incorporaron al sistema de misiones al igual que los pueblos indígenas - el concepto de “sitio” no existe para designar a este tipo de poblaciones.

Casos particulares

Pueblos de libres

Demónimos

Bibliografía

  • Carlos María Birocco, “Los indígenas de Buenos Aires a comienzos del siglo XVIII: los reales pueblos de indios y la declinación de la encomienda”: Revista de Indias LXIX, 247 (2009), p. 83-104.
  • Clara Daniela Gutiérrez, La Justicia en los Pueblos de Indios de Córdoba a fines del siglo XVIII (tesis de licenciatura, Universidad de Córdoba 2011).
  • Bernabé Fernández Hernández, El gobierno del Intendente Anguiano en Honduras, 1796-1812 (Sevilla 1997).
  • Dora Estela Celton, Fuentes útiles para los estudios de la población Americana (Quito 1997).
  • Francisco de Viedma, Descripción geográfica y estadística de la provincia de Santa Cruz de la Sierra (1793).
  • Rodrigo Moreno Jeria, Misiones en Chile austral: los Jesuitas en Chiloé, 1608-1768 (Sevilla 2007).
  • Hugo Contreras Cruces, “Crisis y cambios en las comunidades originarias del valle de Aconcagua (Chile), 1580-1650”. En: Población y sociedad 20, 1 (San Miguel de Tucumán 2013).
  • Simón Urbina/Leonor Adán, “Avances en la arqueología de Valdivia”. En: Boletín de la Sociedad Chilena de Arqueología 43/44 (2014), p. 35-60.
  • Juan Ignacio Quintián, “Articulación política y etnogénesis en los Valles Calchaquíes. Los Pulares durante los siglos XVII y XVIII”. En: Andes 19 (2008).
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  • Carolina Jurado, “Una realidad compleja: casas al interior de los ayllus Hanansayas del repartimiento de Macha, Norte de Potosí (1613-1619)”. En: Memoria Americana. Cuadernos de Etnohistoria 18, 1 (2010), p. 71-99.
  • Joëlle Chassin, “El rol de los alcaldes de indios en las insurrecciones andinas (Perú a inicios del siglo XIX)”. En: Bulletin de l'Institut francais d'Études Andines 37, 1 (2008).
  • Ramón Gutiérrez, Historia urbana de las reducciones jesuíticas sudamericanas. Continuidad, rupturas y cambios (siglos XVIII – XX) (Madrid 2004).
  • * Marta Herrera Angel, “Espacio y poder. Pueblos de indios en la provincia de Santafe (siglo XVIII)”. En: Revista Colombiana de Antropología (1994).
  • Marta Herrera Angel, “Los pueblos que no eran pueblos”. En: Anuario de Historia Regional y de las fronteras 4, 1 (1998).
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  • Marta Herrera Angel, Ordenar para controlar. Ordenamiento espacial y control político en las Llanuras del Caribe y en los Andes Centrales Neogranadinos. Siglo XVIII (Bogotá 2012).
  • Marcela Quiroga Zuluaga, “El proceso de reducciones entre los pueblos muiscas de Santafé durante los siglos XVI y XVII”. En: Historia Crítica 52 (2014).
1)
casi en su totalidad por Tanck de Estrada
2)
Fernández Hernández 1997, p. 91-94 para Honduras.
3)
AGI,Caracas,959: “Relación y testimonio íntegro de la visita general de este obispado de Caracas y Venezuela
4)
Herrera 1994; Herrera 1998; Herrera 2009; Herrera 2012.
5)
Quiroga 2014.
6)
Gutiérrez 2004.
7)
Jurado 2006.
8)
Jurado 2010.
9)
Chaussin 2008.
10)
Viedma 1793, primera parte, parr. 471
11)
Birocco 2009
12)
Gutiérrez 2011, p. 63ff.
13)
Cf. el caso de los pulares, existentes como Pulares en la encomienda de San Pedro de Nolasco, Molinos; Pulares de Lara; Pulares de Cachi; Pulares de Chicoana y Payogasta (Quintián 2008).
14)
Gutiérrez 2011, p. 35.
15)
El de Cabinda en 1705 tenía 7 indígenas, de todos sexos, inclusive niños. Celton 1997, p. 80
16)
Para el caso del valle de Aconcagua, cf. Contreras 2013.
17)
Solano 1994a; Solano 1994b.
18)
Solano 1994a, p. 163.
19)
Urbina/Adán 2014
20)
En Guar sí había un intento de reducción de chonos, pero últimamente no exitosa (Moreno 2007).
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